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Diego Medrano y Treviño
                                     

ⓘ Diego Medrano y Treviño

Como tantos otros españoles de su época, del ejército Diego Medrano pasó la política, siendo diputado a Cortes por la provincia de La Mancha entre 1820 y 1822; y llegando a Ministro de la Gobernación en 1822, con el primer ministerio de Francisco Martínez de la Rosa, en cuyo cargo sustituye a Moscoso. ​También senador por la provincia de Castellón y Jaén, entre 1822 y 1823. Tenía treinta y nueve años.

Pero a finales de 1823, con la caída del Régimen liberal, en aquella época de tantas inestabilidades y revueltas políticas, Diego, en plena época de exaltación romántica y como ardiente defensor de sus ideas liberales con las armas en la mano, a riesgo de su vida, se enfrentó a las tropas reales de los Cien Mil Hijos de San Luis de ese mismo año; lo que no evitaría convertirse en un militar deshonrado y condenado al ostracismo, pero también al exilio interior durante la Década absolutista 1823-1833.

Regresa pues a su ciudad natal bastante desilusionado, si bien durante esta década la dedica la reflexión política, técnica y socioconómica. En este periodo se dedica a organizar y ordenar los papeles de su viejo archivo familiar, redacta varios libros monográficos sobre aspectos geográficos, técnicos y socioeconómicos de su tierra publicados más tarde; y se dedica a su hacienda particular, diseñando varios árboles genealógicos de su propia familia. Pero principalmente, reflexionará sobre sus convicciones y proyectos políticos futuros, a los que piensa aplicar en una mejor ocasión, para poder sacar a aquella sociedad española del subdesarrollo y de la decadencia socio-política.

                                     

1. Plenitud de su carrera

Sus deseos llegaron en 1834, la muerte de rey Fernando VII; regresando de nuevo la política como Procurador en Cortes por Ciudad Real una vez extinta la provincia de La Mancha, junto a sus paisanos, José Vicente Baillo, Rafael Cavanillas, Ramón Giraldo y el Marqués de Monte Nuevo. Al año siguiente, sería nombrado Vicepresidente del Estamento de Próceres. ​ En total, fue diputado de 1834 a 1836 y luego en 1840.

De esta época hay una semblanza de Diego publicada por Fermín Caballero, en la obra: Galería de los Procuradores de las Cortes de 1834 a 1836, edición Madrid 1836. En su página 10, se refiere la dureza que caracterizaba a aquella época política:

"Este manchego desmiente la Mancha, porque guarda su puesto sin ser linchado y es sobradamente ladino para encubrir el estambre. Es orador lunático, que unas veces habla mal y otras medianamente. Su constancia en apadrinar a los del Banco Azul le metió de patitas en él sin saber leer ni escribir; y aunque duró poco en la poltrona cayó en colchón de pluma, cogiendo el beneficio simple del Consejo Real, por lo que no debe pesarle su política de mañitas. Es pequeño, aseado en el traje, modoso y remirado en acciones y palabras. Obra como militar y político experimentado en lides y como quien ha vegetado los diez años en el rincón de Ciudad Real a salto de mata y brujuleando su soltería. Siendo Vicepresidente del Estamento de Próceres se condujo con imparcialidad; puso a los Procuradores a toque de campana gruesa y si se descuidan los Diputados los pone también a lista".

Era, efectivamente, pequeño de cuerpo y aseado en el traje, educado y fino en sus maneras y muy amante de su familia, con la que mantuvo siempre estrechas relaciones y la que ayudó y aconsejó en sus problemas, como lo prueban sus cartas, que aún se conservan, sobre asuntos familiares,

Diego Medrano y Treviño murió soltero en Ciudad Real, el 2 de julio de 1853. Falleció de un ataque cerebral a los sesenta y ocho años de edad, asistiendo a su entierro las tres parroquias de su ciudad, recibiendo cristiana sepultura al día siguiente en el mismo cementerio que existe hoy en la capital del Guadiana; donde permanece el panteón familiar. Hizo testamento, bajo el Fuero Militar, en la Capitanía General de Madrid, el 1 de diciembre de 1826, nombrando herederos universales a sus hermanos Francisco y Lorenzo.

                                     

2. El Proyecto Medrano: La creación de las Cajas de Ahorros de España

Siendo Ministro de Interior, en 1835, Medrano firmó la primera disposición española sobre Cajas de Ahorros Real Orden de 3 de abril de 1835, erigiéndose la primera en Madrid, en 1838. La finalidad de las Cajas era diferente la de los Montes de Piedad, más como casas de empeño protegidos por la curia católica, y que ya existían en la villa de Madrid desde 1702. Las Cajas de Ahorros, en cambio, eran de origen liberal y mercantil ideal protestante, pero que se fusionarían definitivamente con los Montes de Piedad en 1869.

la muerte de Fernando VII, en 1833, Diego Medrano había vuelto a ser persona importante cuando los liberales moderados se hicieron cargo del Gobierno, y alcanzaron de nuevo sus altos cargos políticos. Entonces Medrano se relaciona con importantes ministros constitucionalistas, entre ellos Javier de Burgos.

Diego de Medrano siempre fue una personalidad muy preocupada por los graves problemas económicos y financieros de aquella complicada época española. Por lo que fue el promotor y fundador de las primeras Sociedades Económicas de Amigos del País, poco antes de redactar y firmar la Real Orden sobre Cajas de Ahorros. Esto lo había ideado, posiblemente, él mismo, teniendo seguramente como antecedentes, los experimentos socioeconómicos de este tipo que, por aquellas fechas, se presentaban con las recién creadas Cajas de Ahorros inglesas de principios del siglo XIX.

La creación de las Cajas de Ahorros que propugnaba la Real Orden de 1835 fue consecuencia de los ejemplos ya existentes en el Reino Unido, bien conocidos por los liberales españoles de la Regencia de María Cristina. Pero también, y muy especialmente, del impulso personal y decisivo de su Ministro de Interior Diego Medrano y Treviño. A él le correspondió la responsabilidad política de ordenar que se pusiera en marcha uno de los procesos que más honda y positivamente han influido en el sistema financiero español a lo largo de casi los dos últimos siglos.

La firma de la Real Orden de 3 de abril de 1835 no fue, pues, un producto casual del hecho de ocupar en aquel momento Medrano el Ministerio de Interior, sino consecuencia de sus reflexiones en los largos años de forzada inactividad política; así como de su experiencia como gobernador civil de Ciudad Real, y de sus contactos con las Sociedades Económicas de Amigos del País.

Los objetivos fundamentales del proyecto socioeconómico de Medrano, se basaba en los siguientes puntos:

  • Que el ahorro y las Cajas deberían integrar al hombre en la sociedad evitando su exclusión o marginación.
  • Que las Cajas deberían combatir la usura, compitiendo duramente con quienes la practicasen.
  • Que los recursos captados se deberían destinar a inversiones en el ámbito privado y solo en tareas públicas cuando" fuesen los fondos públicos el asilo seguro y ventajoso de los ahorros del pobre”.
  • Las Cajas deberían crearse para fomentar el espíritu de ahorro en las clases populares.
  • Que la administración de esos recursos debería hacerse por personas dotadas del espíritu de filantropía; que fuesen capaces de" obtener un rédito proporcionado” y que atendiesen, además, la seguridad de los depósitos recibidos.

Para este último punto, el" espíritu filantrópico” era difícilmente comprensible fuera de los modelos que imponían las Sociedades Económicas de Amigos del País; de dudoso cometido inicial Francmasonería, pero con unos claros objetivos fundacionales a partir de la creación de estas Cajas de Ahorro; ya que los primeros protectores-instructores inversionistas en dichas entidades, sin duda que serían muchos de aquellos filántropos pertenecientes a aquellas extrañas Sociedades Económicas recién creadas.

Pero pese al tiempo transcurrido y a los confusos prolegómenos de aquel proyecto, así como a las enormes diferencias que nos separan de aquella complicada época, los objetivos actuales de las Cajas de Ahorro siguen teniendo la misma vigencia que entonces.

                                     

3. Obras

Diego Medrano redactó algunas de sus monografías más especializadas, que a modo de ensayo, describía también las peculiaridades económicas, técnicas y morales de Ciudad Real, que dedicaría la Sociedad Económica de Amigos del País de esa provincia edición del 30 de abril de 1841

  • Consideraciones sobre el estado económico, moral y político de la provincia de Ciudad Real. Madrid: Imp. Carrera de San Gerónimo; 1843.
En esta obra, se reflejan las carencias y necesidades de su comarca, y por extensión la de un país entero, ávido de urgentes planes y proyectos de innovación y desarrollo, en referencia a: minería, agricultura, aguas termales, aguas superficiales, pozos, lagunas, ríos, sequías, educación, energía, comunicaciones, etc. Que sin ser un manual de soluciones perfectas, venía a ser un vademécum de problemas técnicos precisos e históricos pendientes. Lo que era indicativo, no sólo del buen conocimiento que tenía Diego de su sociedad, sino también de su buen y eminente conocimiento de los avances científicos y técnicos de su tiempo.
  • Prolegómenon, 1825, manuscrito.
  • Libro Becerro que contiene los mayorazgos, vínculos, patronatos, memorias, capellanía y derechos pertenecientes la familia de Medrano y Treviño en esta ciudad de Ciudad Real, Almagro, Yllescas, Arenas, Oropesa, Ávila, San Esteban de los Patos, Membrilla y otros pueblos con expresión de las fincas que componen cada fundación y cargas a que respectivamente está sujeta. 1825, manuscrito.

El diccionario

Traducción

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